domingo, 6 de noviembre de 2011
BIANCA ESTELLA BJ. – CHILE
MIENTRAS TUS OJOS
Mientras tus ojos se cierran
y la muerte te acompaña
suenan tus sones al viento
lo mismo que las metrallas.
Así como suena el río
y la mar trae murmullo
así es como florece
de tus manos el orgullo.
El albertío hace grande
el folklore que del se impregna
lo mismo que aquella cueca
que engrandece a los poetas.
No hay fusiles si no canciones
que inundan la patria entera
son tus cánticos de pueblo
un homenaje a tu tierra.
TRIBUTO A VIOLETA
¿Qué es ese canto sencillo
rasgueado en dulce guitarra?
¡Es la Violeta y la Parra
que a cantarle viene a la vida!
En Vihuela no se la iguala
ni en verso ni en consonante,
es ella de buen talante
que canta al amor perdido.
Al olvido sin razón
que cura con su canción
según sea la ocasión
de aromas multicolores.
Misiá Oña Violeta
nunca olvidó al pueblo
y cantó también al ángel
que ya se fue a ver a Dios.
Cuando adorna la vihuela
ella entona con fiereza
cuerda a cuerda, voz de greda
sus juicios y su razón.
Y entre flores y extravíos
entre rin de angelitos,
nos envuelve con su timbre
de a poco poquitito,
sin que exista tropezón.
Y en un profundo suspiro
y en un tararear de ritmos
vamos por campiranos caminos.
¡A curarnos la razón!
Derechos Reservados © Bianca Estella BJ.
ANA CABEZAS – ARGENTINA
ASÍ SOY
Camino que hoy recorro
con huellas se ve formado,
piso, techo, descanso y decorado
son mis palabras un coro.
Me invita a vivir despacio,
porque me lo bebo todo,
grandes sorbos de vida,
y un despreocupado aforo.
Pasional trabajo y sueño...
peleo la convicción de modo,
que de la roca surja esperanza,
que el resto se hace solo.
RESONANCIA II
Sólo el amor,
plenitud del alma
que se rebalsa en mi pecho
fundiéndose entre llamas.
Ya he sentido mi nombre
por tu eterna voz que canta,
como el rayo de sol,
que consuela y se derrama.
Te evoqué, me reconociste,
aún en el sonido del silencio
te esperaba...
Esta misma flama,
arcana que en sellos se guarda,
sólo con tu esencia,
en amor la gratitud ensancha.
El corazón como un arca
en su interior guarda,
memoria de tesoros imborrables
que reviven tras el tiempo y la distancia.
El amor tiene un nombre,
que el oído guarda,
que se evoca como ensalmo,
a toda hora;
que es escudo contra el desaliento
y calor en la noche en que se llora.
Los seres que conocen el amor
cantan y transforman en fotones,
la magia de la vida que envuelve
estrellas de bienhechores.
Derechos Reservados © Ana Cabezas
ALFRED ASÍS – CHILE
VIOLETA AMADA
¡Violeta! Violeta... la grande
sin temor en su cantar
desde el sur con su guitarra
nos vino a deleitar.
Qué profunda en emociones
que preciso su rimar;
gracias a la vida
que tanto le dio,
gracias al canto que nos mostró.
Se fue p’al norte
sufrimiento encontró
también los consortes
de los cuales canturreó.
Sus ávidos luceros
descubrieron la verdad
en sus obras y credos
desvistió la maldad.
Perfecto distinguió
lo negro del blanco
navegando en su alma
sufriendo el quebranto
adorando la calma
con sobresalto
La vida le dio el sonido
también el abecedario;
desde su corazón agotado
le dio vida al vecindario.
La ruta del alma
ya tenía claro
por las corrientes sanguíneas
y en el cauce un guijarro
Violeta, se fue
su última lágrima nos dejó
su canción nos inundó
sus manos ya no rasgan la guitarra
su copla quedó en el alma
de quienes la amamos tanto.
Derechos Reservados © Alfred Asís
ABRAHAM MÉNDEZ VARGAS – REPÚBLICA DOMINICANA
A VIOLETA PARRA
SONETO 1
Tu sonrisa es de níspero
de dulce leche salvaje,
con hoja de verde encaje,
por otro morado espero.
Buenos tambores tus campos,
donde el folclor estremece
a la niña que encarece
su amor con otros tantos.
La imagen de cafeteras,
porcelanas con doncellas
por tu voz salen tan bellas.
Oro al decir las canteras
que violan extraños seres
con notas sin pareceres.
A VIOLETA PARRA
SONETO 2
Tú aún con tu amor profundo
convocas el corazón
del mundo cual esos aires
que fluyen desde un mar con sol.
Tú aún eres la mágica
montaña que torna el aire
del mar que luego refluye
fuego polvo enamorado.
Esta isla de soledades
rodeada del calor de otras
islas de aves que te cantan,
aún bailan bajo el embrujo
de tu música que es aire
que aún desparrama tu cantar.
Derechos Reservados © Abraham Méndez Vargas
VIOLETAS PARA VIOLETA
- Fragmento -
Me he bebido de un trago tu carta
y después me la he vuelto a beber.
He velado una vela sin tarta,
harta ya de estar harta otra vez.
JOAQUÍN SABINA
Me he bebido de un trago tu carta
y después me la he vuelto a beber.
He velado una vela sin tarta,
harta ya de estar harta otra vez.
JOAQUÍN SABINA
sábado, 5 de noviembre de 2011
VIOLETA PARRA EN EL RECUERDO (1917-1967)
Aquella estrecha franja de tierra, arrullada por el Pacífico y la cordillera de los Andes ha dado a luz a muchos personajes que han dejado su huella en los corazones de millones de personas a lo largo del planeta. Me vienen a la mente Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Víctor Jara, Salvador Allende, y por supuesto nuestra querida Violeta Parra. Para los que no la conocen, los invito a leer sobre su vida y obra.
Violeta Parra nació un 4 de octubre de 1917, en la pequeña ciudad de San Carlos (Ñuble). Su padre era profesor de música y su madre, además de ser costurera, tocaba la guitarra y cantaba, y según diversas biografías, Violeta comenzó a tocar la guitarra a los nueve años y a los doce ya componía sus propias canciones.
En Chile son tiempos difíciles y Violeta sufre, a muy temprana edad, las penurias del desempleo y de la escasez de recursos. Agobiada por la situación, la familia se traslada a Lautaro en busca de trabajo y diez años más tarde regresa a Chillán. Durante el gobierno de Carlos Ibáñez, cientos de empleados pierden sus puestos de trabajo y su padre, desesperado por la falta de empleo, se refugia en el alcohol mientras su madre cose, lava la ropa ajena y vende todo lo que puede para mantener la familia a flote.
Violeta completa sus estudios primarios y tras un año en la escuela normal los abandona para trabajar en el campo y ayudar a la familia. Para complementar los ingresos familiares, junto a sus hermanos, sale a cantar en trenes, pueblos, restaurantes y circos. Angustiada por la situación económica y tras la muerte de su padre en 1929, Violeta se traslada a Santiago gracias a una invitación de su hermano, el poeta Nicanor Parra. En la capital retoma sus estudios pero los vuelve a abandonar por la música, su pasión verdadera. Junto a su hermana Hilda forman el dúo de Música folclórica "Las hermanas Parra" y comienzan a cantar en bares y en pequeñas salas. En 1935 su madre y sus hermanos también se trasladan a Santiago. Tres años más tarde contrae matrimonio con Luis Cereceda, con quien tiene a sus dos hijos Isabel y Ángel Parra, herederos de su tradición musical. En 1948 se separa de su marido y al año siguiente se casa con Luis Arce. De este nuevo matrimonio nacen dos hijas: Carmen Luisa y Rosita Clara.
En la década de los cincuenta graba sus primeros discos en los que recupera canciones populares como "El Caleuche", "Qué pena siente el alma", "La viudita" y "La cueca del payaso", entre otras. Violeta, además de ser una gran compositora quizás haya sido una de las principales investigadoras del folclor chileno. Junto a su dos hijos, Ángel e Isabel, recorre el país de norte a sur ofreciendo recitales y grabando las canciones populares que encuentra en su camino e incorporándolas a su repertorio. En estos peregrinajes conoce a Pablo de Rokha y a Pablo Neruda. El año 1953, tras un recital en casa de Neruda, Radio Chile la invita a colaborar en una serie de programas que introducirán el genio de esta gran artista en miles de hogares chilenos. Al año siguiente gana el premio Caupolicán que la reconoce como la mejor folclorista del año y recibe una invitación para participar en el Festival de la Juventud, en Polonia. Aprovechando este viaje recorre la Unión Soviética y parte de Europa, especialmente Francia.
Durante dos años reside en París y allí graba su primer disco de larga duración: "Guitare et Chant: Chants et Danses du Chili", editado en 1956. Tras la muerte de su hija Rosita Clara, Violeta regresa a Chile y se vuelca en la música y la investigación. La Universidad de Concepción la contrata para dirigir el Museo de Arte Popular, labor que compagina con su recitales y su infatigable recopilación folclórica. Durante este periodo graba "Canto y Guitarra" (1957), "Acompañada de Guitarra" (1958), "La Tonada" (1958), "La Cueca" (1958), y "Toda Violeta Parra" (1960).
Pero Violeta Parra no sólo se dedica a la música, y a finales de la década de los cincuenta comienza a centrarse en su obra pictórica, así como en la escultura, la cerámica y sus famosos tapices de arpillera. Entre 1961 y 1964, Violeta viaja por Argentina, Europa, la Unión Soviética, y vuelve a vivir en París. Continúa ofreciendo recitales, exponiendo su obra y grabando sus composiciones. Esta pequeña gran mujer logra triunfar no sólo a través de su música en Francia, es además la primera artista sudamericana que exhibe su obra en una exposición en solitario en el Museo del Louvre. Durante estos años (junto a Isabel y Ángel), edita "Recordando a Chile (Una Chilena en París)", que incluye dos canciones cantadas y compuestas en francés. También escribe el libro "Poesía Popular de Los Andes" y la televisión Suiza graba un documental sobre su trabajo. Es también en esta época (1962), cuando compone su famosa canción "La carta". A París le llega una misiva en la que le informan que su hermano Roberto Parra ha sido detenido tras la matanza de la población José María Caro, bajo el gobierno de Jorge Alessandri (1).
Desde niña Violeta no es ajena a las diferencias sociales y a las luchas de la clase obrera, y aunque al comienzo sus canciones suelen rescatar el folclor campesino, con el paso del tiempo comienza a componer temas de denuncia que hasta el día de hoy siguen conmoviendo a quienes los escuchan: "Qué dirá el Santo Padre", "Miren cómo sonríen", "Según el favor del viento" o "Arauco tiene una pena", canciones que formarán la base de la Nueva Canción Chilena.
En 1964 Ángel e Isabel regresan a Santiago e inauguran la famosa "Peña de los Parras". Aún recuerdo cuando de pequeña acompañaba a mi madre, que era modista, a entregar sus vestidos a Isabel y a la entonces esposa de Ángel, Marta Orrego. Recuerdo con gran emoción un sitio pequeñito, con sólo una tarima de madera como escenario en el que desfilaban músicos desconocidos para mí. Cantautores de la talla de Rolando Alarcón, Patricio Manns, los Quilapayún y Víctor Jara. Recuerdo un ambiente lleno de humo, la gente sentada en bancas y en el suelo sobre cojines, las redes, las botellas antiguas y las velas que adornaban la salita...
En 1965 Violeta regresa a Chile y se instala en una gran carpa a las afueras de Santiago, la "Carpa de la Reina", donde intenta crear un centro de cultura folclórica. En la Carpa, vive Violeta, allí prepara comidas criollas y atiende a los visitantes, organiza encuentros y sigue dedicándose a sus canciones y arte pero los tiempos que corren en Chile no son propicios para su labor. La Democracia Cristiana gobierna y muy pronto la canción comprometida con la lucha de los trabajadores comienza a ser un incordio. Muchas emisoras excluyen de su programación a determinados intérpretes, a las discográficas no les interesa grabar a los exponentes de la canción de protesta, y los pocos programas que se interesan por esta música ven como les retiran los auspicios. Los comentaristas prefieren los temas extranjeros que no introducen el dedo en la llaga del orden establecido.
Ante este panorama de marginación "La Peña" goza de un público cada vez más numeroso pero "La Carpa" no logra salir adelante. Angustiada por esta situación, por los problemas amorosos con el músico suizo Gilbert Favre, y por las recurrentes crisis de soledad, Violeta intenta suicidarse cortándose las venas en 1966. Esta vez no consigue acabar su vida pero al año siguiente, el 5 de febrero de 1967, Violeta lo logra en la Carpa de la Reina, no sin antes componer algunas de sus más famosas canciones "Gracias a la Vida" y "Volver a los 17".
Así termina la vida de la madre del canto nuevo chileno, la mujer singular que dio vida y reconocimiento a nuestro propio folclore, que nos inspiró a sentir orgullo por nuestras raíces e instrumentos autóctonos, dejando de lado la invasión extranjera de ritmos imperialistas que acosaban nuestro continente. Gracias a la vida por habernos brindado a esta mujer inolvidable – gracias Violeta Parra.
Notas:
1. El 19 de Noviembre de 1962, la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), había llamado a un paro nacional, en medio de un conflictivo clima de rebajas salariales y de un incremento de precios general. Muchos pobladores de la Población José María Caro (ubicada en la Comuna de Lo Espejo) se sumaron a la movilización, y comenzaron a bloquear la línea del tren. Los Carabineros no fueron capaces de frenar el descontento popular y acudieron en su ayuda los militares. El saldo de aquel "lunes rojo", fue de 5 personas asesinadas por balas de guerra provenientes de uniformados de la Fuerza Área.
Bibliografía:
Violeta del Pueblo. Violeta Parra. Madrid: Visor Libros, 1996.
Violeta Parra: la guitarra indócil. Patricio Manns. Santiago: Ed. LAR, 1987.
Décimas de Violeta Parra. Barcelona: Editorial Pomaire, 1976.
Fundación Violeta Parra: www.violetaparra.scd.cl
• Artículo publicado en La otra página, Revista Alandar y Latino América Viva.
Silvia Cuevas-Morales
Violeta Parra nació un 4 de octubre de 1917, en la pequeña ciudad de San Carlos (Ñuble). Su padre era profesor de música y su madre, además de ser costurera, tocaba la guitarra y cantaba, y según diversas biografías, Violeta comenzó a tocar la guitarra a los nueve años y a los doce ya componía sus propias canciones.
En Chile son tiempos difíciles y Violeta sufre, a muy temprana edad, las penurias del desempleo y de la escasez de recursos. Agobiada por la situación, la familia se traslada a Lautaro en busca de trabajo y diez años más tarde regresa a Chillán. Durante el gobierno de Carlos Ibáñez, cientos de empleados pierden sus puestos de trabajo y su padre, desesperado por la falta de empleo, se refugia en el alcohol mientras su madre cose, lava la ropa ajena y vende todo lo que puede para mantener la familia a flote.
Violeta completa sus estudios primarios y tras un año en la escuela normal los abandona para trabajar en el campo y ayudar a la familia. Para complementar los ingresos familiares, junto a sus hermanos, sale a cantar en trenes, pueblos, restaurantes y circos. Angustiada por la situación económica y tras la muerte de su padre en 1929, Violeta se traslada a Santiago gracias a una invitación de su hermano, el poeta Nicanor Parra. En la capital retoma sus estudios pero los vuelve a abandonar por la música, su pasión verdadera. Junto a su hermana Hilda forman el dúo de Música folclórica "Las hermanas Parra" y comienzan a cantar en bares y en pequeñas salas. En 1935 su madre y sus hermanos también se trasladan a Santiago. Tres años más tarde contrae matrimonio con Luis Cereceda, con quien tiene a sus dos hijos Isabel y Ángel Parra, herederos de su tradición musical. En 1948 se separa de su marido y al año siguiente se casa con Luis Arce. De este nuevo matrimonio nacen dos hijas: Carmen Luisa y Rosita Clara.
En la década de los cincuenta graba sus primeros discos en los que recupera canciones populares como "El Caleuche", "Qué pena siente el alma", "La viudita" y "La cueca del payaso", entre otras. Violeta, además de ser una gran compositora quizás haya sido una de las principales investigadoras del folclor chileno. Junto a su dos hijos, Ángel e Isabel, recorre el país de norte a sur ofreciendo recitales y grabando las canciones populares que encuentra en su camino e incorporándolas a su repertorio. En estos peregrinajes conoce a Pablo de Rokha y a Pablo Neruda. El año 1953, tras un recital en casa de Neruda, Radio Chile la invita a colaborar en una serie de programas que introducirán el genio de esta gran artista en miles de hogares chilenos. Al año siguiente gana el premio Caupolicán que la reconoce como la mejor folclorista del año y recibe una invitación para participar en el Festival de la Juventud, en Polonia. Aprovechando este viaje recorre la Unión Soviética y parte de Europa, especialmente Francia.
Durante dos años reside en París y allí graba su primer disco de larga duración: "Guitare et Chant: Chants et Danses du Chili", editado en 1956. Tras la muerte de su hija Rosita Clara, Violeta regresa a Chile y se vuelca en la música y la investigación. La Universidad de Concepción la contrata para dirigir el Museo de Arte Popular, labor que compagina con su recitales y su infatigable recopilación folclórica. Durante este periodo graba "Canto y Guitarra" (1957), "Acompañada de Guitarra" (1958), "La Tonada" (1958), "La Cueca" (1958), y "Toda Violeta Parra" (1960).
Pero Violeta Parra no sólo se dedica a la música, y a finales de la década de los cincuenta comienza a centrarse en su obra pictórica, así como en la escultura, la cerámica y sus famosos tapices de arpillera. Entre 1961 y 1964, Violeta viaja por Argentina, Europa, la Unión Soviética, y vuelve a vivir en París. Continúa ofreciendo recitales, exponiendo su obra y grabando sus composiciones. Esta pequeña gran mujer logra triunfar no sólo a través de su música en Francia, es además la primera artista sudamericana que exhibe su obra en una exposición en solitario en el Museo del Louvre. Durante estos años (junto a Isabel y Ángel), edita "Recordando a Chile (Una Chilena en París)", que incluye dos canciones cantadas y compuestas en francés. También escribe el libro "Poesía Popular de Los Andes" y la televisión Suiza graba un documental sobre su trabajo. Es también en esta época (1962), cuando compone su famosa canción "La carta". A París le llega una misiva en la que le informan que su hermano Roberto Parra ha sido detenido tras la matanza de la población José María Caro, bajo el gobierno de Jorge Alessandri (1).
Desde niña Violeta no es ajena a las diferencias sociales y a las luchas de la clase obrera, y aunque al comienzo sus canciones suelen rescatar el folclor campesino, con el paso del tiempo comienza a componer temas de denuncia que hasta el día de hoy siguen conmoviendo a quienes los escuchan: "Qué dirá el Santo Padre", "Miren cómo sonríen", "Según el favor del viento" o "Arauco tiene una pena", canciones que formarán la base de la Nueva Canción Chilena.
En 1964 Ángel e Isabel regresan a Santiago e inauguran la famosa "Peña de los Parras". Aún recuerdo cuando de pequeña acompañaba a mi madre, que era modista, a entregar sus vestidos a Isabel y a la entonces esposa de Ángel, Marta Orrego. Recuerdo con gran emoción un sitio pequeñito, con sólo una tarima de madera como escenario en el que desfilaban músicos desconocidos para mí. Cantautores de la talla de Rolando Alarcón, Patricio Manns, los Quilapayún y Víctor Jara. Recuerdo un ambiente lleno de humo, la gente sentada en bancas y en el suelo sobre cojines, las redes, las botellas antiguas y las velas que adornaban la salita...
En 1965 Violeta regresa a Chile y se instala en una gran carpa a las afueras de Santiago, la "Carpa de la Reina", donde intenta crear un centro de cultura folclórica. En la Carpa, vive Violeta, allí prepara comidas criollas y atiende a los visitantes, organiza encuentros y sigue dedicándose a sus canciones y arte pero los tiempos que corren en Chile no son propicios para su labor. La Democracia Cristiana gobierna y muy pronto la canción comprometida con la lucha de los trabajadores comienza a ser un incordio. Muchas emisoras excluyen de su programación a determinados intérpretes, a las discográficas no les interesa grabar a los exponentes de la canción de protesta, y los pocos programas que se interesan por esta música ven como les retiran los auspicios. Los comentaristas prefieren los temas extranjeros que no introducen el dedo en la llaga del orden establecido.
Ante este panorama de marginación "La Peña" goza de un público cada vez más numeroso pero "La Carpa" no logra salir adelante. Angustiada por esta situación, por los problemas amorosos con el músico suizo Gilbert Favre, y por las recurrentes crisis de soledad, Violeta intenta suicidarse cortándose las venas en 1966. Esta vez no consigue acabar su vida pero al año siguiente, el 5 de febrero de 1967, Violeta lo logra en la Carpa de la Reina, no sin antes componer algunas de sus más famosas canciones "Gracias a la Vida" y "Volver a los 17".
Así termina la vida de la madre del canto nuevo chileno, la mujer singular que dio vida y reconocimiento a nuestro propio folclore, que nos inspiró a sentir orgullo por nuestras raíces e instrumentos autóctonos, dejando de lado la invasión extranjera de ritmos imperialistas que acosaban nuestro continente. Gracias a la vida por habernos brindado a esta mujer inolvidable – gracias Violeta Parra.
Notas:
1. El 19 de Noviembre de 1962, la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), había llamado a un paro nacional, en medio de un conflictivo clima de rebajas salariales y de un incremento de precios general. Muchos pobladores de la Población José María Caro (ubicada en la Comuna de Lo Espejo) se sumaron a la movilización, y comenzaron a bloquear la línea del tren. Los Carabineros no fueron capaces de frenar el descontento popular y acudieron en su ayuda los militares. El saldo de aquel "lunes rojo", fue de 5 personas asesinadas por balas de guerra provenientes de uniformados de la Fuerza Área.
Bibliografía:
Violeta del Pueblo. Violeta Parra. Madrid: Visor Libros, 1996.
Violeta Parra: la guitarra indócil. Patricio Manns. Santiago: Ed. LAR, 1987.
Décimas de Violeta Parra. Barcelona: Editorial Pomaire, 1976.
Fundación Violeta Parra: www.violetaparra.scd.cl
• Artículo publicado en La otra página, Revista Alandar y Latino América Viva.
Silvia Cuevas-Morales
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